LOS REFUGIOS ÍNTIMOS POR HORAS DE LOS AMANTES CUBANOS

Cuba es sinónimo de sensualidad por su música, su calor y la belleza de sus ciudadanos. Sin embargo, la mayoría no tiene espacio en sus hogares para mantener relaciones sexuales, dado que en las viviendas comparten espacio familias enteras de hasta 15 miembros. Por ello, al igual que sucede en  otros países de Latinoamérica, se crearon las denominadas posadas. Estos establecimientos, que dejaron de existir en la isla caribeña a comienzos de los años 90 para reconvertirlos en viviendas, eran pequeños hoteles  donde por una exigua cantidad de dinero los cubanos podían alquilar una habitación por horas para dar rienda suelta a su pasión alejados de sus omnipresentes familiares.

Al desaparecer las posadas, los cubanos no tenían dónde ir, más allá de los parques o cines para llevar a cabo lo que ellos denominan ‘Matar jugadas’. Por esta razón, comenzaron a surgir como setas las casas particulares en las que se alquilan habitaciones por horas en moneda nacional, como la que regenta en la calle Neptuno de La Havana Israel Marrero,  quien asegura ser uno de los directores artísticos y coreógrafos más prestigiosos de la isla, que recurrió a este negocio para “subsistir”. Estas viviendas se han convertido en los refugios íntimos para los amantes cubanos, muchos de los cuales las usan para ‘pegar los tarros’, que es como se conoce la infidelidad en el país caribeño. Están identificadas en la puerta con un símbolo parecido a un ancla de color rojo, lo que las diferencia de las casas de alquiler destinadas a los turistas extranjeros, que tienen la misma señal pero de color azul y en las que solo se puede pagar en peso convertible (CUC).

Marrero explica que él alquila una de las dos habitaciones de su casa por cinco CUC, lo que equivale a 4,48 euros por tres horas, mientras que la hora adicional la cobra a un CUC o el equivalente a la moneda nacional cubana, que serían (24 pesos). Por este precio, los amantes disfrutan de una habitación con aire acondicionado, baño privado y sábanas limpias, según detalla Marrero, quien también ofrece a sus clientes una cajita con tres preservativos por cinco pesos cubanos, mientras que en las tiendas cuesta solo un peso.  Si la pareja desea pasar la noche entera, pagará 10 CUC (8,97 euros), una cantidad nada desdeñable si se tiene en cuenta que el sueldo medio de un cubano es de 20 dólares al mes.

Estas casas, según admite Marrero, solo son rentables si se invierte en ellas para que los clientes se sientan a gusto y regresen más veces. “Puedo tener cuatro clientes al día durante los fines de semana, pero hoy solo he tenido uno”, afirma apesadumbrado este coreógrafo que lamenta no haber podido asistir a un evento al que le habían invitado por no tener dinero para comprarse unos zapatos adecuados. Así, no es fácil mantener estos negocios destinados al amor y al sexo, ya que como son legales sus propietarios deben abonar una serie de impuestos al Estado. En total, pagan un gravamen mensual de 60 pesos nacionales (2,4 euros) a los que se suman 75 pesos más cada tres meses y el 10 por ciento mensual de los beneficios obtenidos.  Pese a que en principio solo pueden entrar los cubanos, en ocasiones hacen excepciones con extranjeros que acuden con una jinetera o jinetero (nombre con el que se conoce a las personas que ejercen la prostitución con turistas). En estos casos, se  abona siempre en peso convertible y el precio se sitúa en 20 CUC por tres horas, de los cuales 5 van a parar a la jinetera en concepto de comisión.

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