GUATEMALA: EL PAÍS DE LA SONRISA PERPETUA

Acabo de salir de Guatemala tras permanecer en este país tres meses y estoy ahora en el Aeropuerto de Newark en Nueva York y solo pienso en una cosa. ¿Dónde están las sonrisas de la gente? Si algo me ha dejado marcado Guatemala es que en cada lugar hay una sonrisa, todo el mundo te la regala y eso me ha dejado impactado. Un país que cualquiera que no conozca nada de él solo piensa en los índices de violencia y en lo peligroso que es por lo que muchas personas optan por no ir no sea que acaben ‘ultimados’. Nunca más lejos de la realidad.

Se están perdiendo un país lleno de vida con personas que pese a las calamidades que viven muchas de ellas te ofrecen su sonrisa a cambio de nada, ya sea en una tienda, en el hotel, en la parada de autobús o en el banco. He tenido la suerte de viajar a varios países en el mundo pero nunca vi tantas sonrisas por metro cuadrado y no digo sonrisas falsas, sino auténticamente verdaderas valga la redundancia. Pasear por sus calles, sobre todo, por su abarrotada Sexta, la calle comercial principal de la capital del país, es hacerlo por un lugar donde es imposible deprimirse. Todo el mundo te trata excelente, aunque no compres nada. Y no he llegado aún a mi gris ciudad cuando ya las estoy extrañando de una manera descomunal. Es un país vivo, donde la gente lucha cada día por sobrevivir, pero no lo hace amargada, sino todo lo contrario, con alegría y una energía imparable.

Ha sido un viaje muy intenso en todos los sentidos, pero cuando uno se sentía triste solo tenía que salir a la calle y contagiarse de esos rostros alegres que no significa que todos sean felices y contentos ni mucho menos. Es su manera de luchar contra los numerosos problemas que asolan este país, entre los que yo destacaría por este orden, la violencia hacia las mujeres  y el trabajo y explotación infantil; la violencia endémica que parte de las cárceles con extorsionistas sin escrúpulos que matan por pocos quetzales, y una corrupción galopante por parte de los poderes del Estado. Todo este contexto no se traduce en caras largas, tristes y sin vida, tal como las conocemos en Europa o ahora mismo en este aeropuerto de Nueva York, donde hace horas que no veo una sonrisa que brille como la de los guatemaltecos y guatemaltecas. Todo lo contrario, estas calamidades les dan una fuerza que ya nos gustaría tener a los europeítos, porque solo con esa alegría que fluye por todo el país pueden sobrellevar las dificultades que los azotan cada día.

Otro aspecto a destacar en este gran país es la religiosidad de su gente. Son muy, muy, muy creyentes y todo ello hace también que no vivan con amargura, sino con la esperanza de que Dios les esté viendo y juzgue por él mismo quién hace el bien y quién el mal. Son múltiples las iglesias evangélicas de las que emana el sonido de unas estridentes baterías y unos cánticos, la mayoría de ellos desafinados, pero eso es lo de menos. No les importa la calidad de quienes cantan, sino lo que transmiten con sus letras, el amor a Jesús y a Dios por encima de todas las cosas. He estado en varios países musulmanes, pero en esta ocasión he sentido la religiosidad de otra forma, quizá porque compartimos una lengua y una cultura más o menos con sus diferencias. i

Cuando alguien te hablaba de Dios no lo hacía de forma indiferente, sino con un brillo total en la mirada, que con independencia de si uno cree o no, te lo creías y sentías envidia sana por su fe incuestionable. Este país sería muy diferente sin tanta creencia, seguramente sería peor porque es precisamente esto lo que hace que mucha gente viva feliz con lo que tiene porque es lo que Dios dispone. Eso no significa ni mucho menos que sea una sociedad conformista, todo lo contrario, cada mañana sus calles bullen de gente que va a trabajar y a hacer sus cosas lo que convierte la capital en un caos de coches, motos, camionetas, humo, que en mi caso me atrae sobremanera. Me gusta moverme por sus calles bulliciosas esquivando todo tipo de vehículos y personas que van con carromatos y demás mercancías de todo tipo.

El ¡Pase adelante¡ se oye en todo momento invitando los comerciantes a entrar en su establecimiento para ver si algo te interesa. No lo hacen de manera pesada, no te cogen del brazo para meterte, sino que es un Pase adelante fuerte, porque cada cual quiere que se le oiga. Ellos confían en que esta frase que se repite y se repite en cada establecimiento invite a la gente a entrar y supongo que lo hace, porque si no, no tendría ningún sentido.  Estas personas que llaman a entrar suelen ser muy jovencitas, que seguramente es su primer trabajo, pero no se amilanan a la hora de gritar y decir a todo el mundo que lo mejor que pueden hacer es pararse y echar un vistazo al material de su tienda. ¿Qué está buscando? Entre y vea, reiteran a cada momento. Y uno se siente alguien, porque se dirigen a ti personalmente y significa que alguien te ha visto en este mundo con tantas y tantas personas. Y no, no ponen cara larga cuando ven que pasas de alto, sino que siguen con su perenne sonrisa a la espera de que sus gritos tengan un efecto positivo y el jefe les aumente el sueldo o les mantenga ese puesto de trabajo por el que no creo que cobren mucho dinero.

LA RIQUEZA DE LA SEXTA

La Sexta es todo un espectáculo gratuito. Uno encuentra de todo, desde bailarines de break dance que aún no sé cómo no se rompen bailando incluso con las calles mojadas, hasta cantantes solitarios, micro en mano, y un altavoz del que sale una música enlatada, pero que no impide que decenas de personas se arremolinen a su alrededor para valorar lo que hace. ‘Apoye al artista nacional’, reza un cartel, que tiene su efecto, porque los quetzales comienzan a llegar poco a poco a su cajita. En Guatemala no hace falta ir al circo para ver payasos, ya que montan unos espectáculos callejeros en los que la gente participa de sus bromas y no se cansan de ver siempre a los mismos. Siempre hay un tiempo para pararse y disfrutar de las bromas de estos jóvenes pintados de manera increíble y con unas atronadoras voces que se escuchan a decenas de metros, pese al barullo general que caracteriza esta calle. Todo son risas, aunque no tengan muchas veces ni pizca de gracia. La gente tiene necesidad de reír, de desahogarse, de pararse por un instante a disfrutar de un show que es para ellos y con el que dejan de pensar en sus cosas. Si uno se aburre de los payasos, pues no pasa nada, están los bailarines de cumbia que rodeados de personas invitan a los peatones a bailar con ellos a cambio de un premio.

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Todo ello en una calle con decenas de vendedores ambulantes que ofrecen de todo: desde pompas de jabón, hasta algodones de azúcar, cd´s y ropa. Son muchos los que acarrean un maniquí por la calle con la ropa que quieren vender generándose imágenes muy curiosas, dado que no son pocas las maniquíes con las formas femeninas tremendamente exageradas.

Todo es música, alegría, sonrisas. ¿Cómo no va a querer uno volver a este país único en el que la  hospitalidad es la marca de la casa? A cualquiera que preguntes o cualquier problema que tengas, no hay nadie que diga un no. Enseguida te ayudan, porque otra cosa no pero es un país solidario donde se ayudan mucho unos a otros. Ante un Gobierno corrupto que esquilma a su población, ésta no se rinde y da una lección a sus gobernantes, tal como sucedió tras el derrumbe del Cambray II, que tuve la desgracia de cubrir. Miles y miles de personas se unieron para ayudar a esta humilde población que de un día para otro se quedó sin decenas de familiares, sin casa, sin su vida. Pero que nadie piense que aquello era un mar de lágrimas y de desgraciados sin saber dónde ir. Todos y digo todos estaban ayudando a desenterrar las miles de toneladas que cayeron sobre una gente humilde que su única culpa era vivir en la ladera de una colina porque no tenía dinero para vivir en otro lugar. Hablé con personas que habían perdido a familiares e incluso en esta terrible situación te dedicaban una sonrisa y te agradecían estar ahí informando.

Me impactó mucho que en un escenario tan dantesco la gente seguía luchando con una sonrisa en el rostro, que desaparecía para convertirse en lágrimas en cuanto un servidor rascaba mínimamente en su interior con alguna pregunta incómoda. Pero no duraban mucho, porque inmediatamente, se les iluminaba de nuevo esa sonrisa que tan encandilado me ha dejado. Solo puedo tener respeto por este pueblo, que sufre una violencia diaria que no merece, fruto del descuido institucional por la gente más humilde y del aprovechamiento de esta violencia por parte de los poderosos que se nutren del negocio de las extorsiones.

Pero no pienso quedarme con lo malo, porque es imposible. La gente de Guatemala me ha tratado en todo momento como si fuera  uno más de ellos, con cariño, amor, respeto y solo puedo sentir envidia por este gran pueblo que pese a tener poco da todo lo que tiene. Las personas que he conocido, todas y cada una de ellas, me han hecho sentir alguien especial en Guatemala y solo me salen lágrimas y una gran sonrisa cuando las recuerdo.

No me he movido mucho por el país, de alguna manera me he sentido atrapado en la capital, pero con tanta vida en ella era imposible alejarse. Una experiencia maravillosa es montarse en las famosas camionetas, que no es otra cosa que autobuses escolares antiguos de EEUU, que han sido remodelados y pintados de brillantes colores. En un principio, da miedo entrar  en una de estas camionetas, que suelen sufrir tiroteos y asaltos, pero no tiene desperdicio entrar en una de ellas. Muchísima gente arremolinada casi sin espacio para respirar, mientras una pegadiza música, normalmente cumbia, escapa de los altavoces. Solo se oye el ayudante del conductor, normalmente un niño o un adolescente, gritar el destino de la camioneta: Trebol, Trebol!!! Cuchilla!!, La Maya, la Maya, la Maya!!!. Así la gente se entera de adónde va y se montan sin que el autobús llegue a parar del todo, al igual que cuando te bajas. Uno se siente más vivo que nunca en este medio de transporte, algo paradójico teniendo en cuenta que no hay semana en la que no muera un conductor, un viajero, o el ayudante a manos de uno o varios sicarios en moto contratados por las pandillas para vengar la falta del pago de la correspondiente extorsión.

Espero que este texto sirva para que quienes tenían algún temor de ir a Guatemala lo extirpen de su ser, porque es justo lo contrario, pese a las tremendas informaciones que publicamos los periodistas.  El amor que te dan merece tomar uno, dos, tres o los aviones que hagan falta por aterrizar de nuevo en esta gran tierra que siempre voy a llevar en mi corazón y a la que tardaré muy poco en regresar. ¡GRACIAS GUATEMALA¡

 

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One comment

  1. Me encantó…. tenemos un pais precioso que triste que para muchos no sea asi y que alguien mas tenga que hacerlo ver. Linda nota!!! Se que aunque la violencia y delincuencia aún es bastante fuerte Dios tiene en su corazon a nuestra Guatemala y que cada día son más las personas que se vuelven a El. Su gracia y misericordia nos bendicen cada día, es solo que no prestamos atención y vemos mas lo malo que lo bello que tenemos. Los felicito y quien sea que haya escrito esta nota…. gracias por hablar tan lindo de nuestro pais y ponerlo en alto.

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