LA NIÑA QUE  EL TERREMOTO DE NEPAL CONVIRTIÓ EN HEROÍNA

La tierra volvió a rugir en Nepal el 12 de mayo, pocas semanas después de que un terremoto segara la vida de más de 8.000 personas. El pánico se apoderó de nuevo de los habitantes de este país que rápidamente abandonaron sus hogares para refugiarse en la calle. Sin embargo, Ansu, una niña nepalí de 8 años y abandonada por sus padres en el 2011, no se lo pensó dos veces cuando fue desalojado el centro de acogida en el que vive, situado en Hetauda, a unos 80 kilómetros al suroeste de Katmandú y gestionado por la ONG nepalí Helpless Disabled Child Rehabilitation CenterHDCRC, con la colaboración de la ONG española ‘Nepal Sonríe’. En lugar de dirigirse al patio, al igual que hicieron los otros 25 niños que viven en este centro, ella comenzó a correr en dirección contraria, después de que una de las trabajadoras preguntara por el paradero de Kismat.

Se trata de otro niño de su misma edad que sufre una parálisis cerebral y que no se puede mover por sí mismo.  Pese a que el suelo temblaba bajo sus pies, la menor demostró su enorme humanidad y agarró al niño de los brazos y lo sacó a rastras de su cuarto para evitar que muriese en caso de que el edificio se derrumbara  a consecuencia de las sacudidas.

La coordinadora de voluntarios de la citada organización, Laura Hernández, fue testigo directo del acto heroico de la menor y fue la encargada de poner a salvo a los dos niños. Según relata, Ansu se ha convertido casi a su corta edad en una madre para Kismat, a quien coge muchas veces en brazos, a pesar de que apenas puede con él, y siempre está cuidándole al igual que al resto de niños discapacitados. No es casualidad, por tanto, que su sueño sea ser enfermera o médica, razón por la cual estaba deseando que llegara el pasado domingo, cuando reabrió la escuela en la que estudia tras dos meses cerrada.

Ansu y Kismat son dos de los 27 menores que residen en la citada casa de acogida destinada a niños huérfanos,  así como a menores abandonados o con familias de pocos recursos, de entre 4 y 18 años, muchos de ellos con alguna discapacidad física o intelectual.  Siete mujeres nepalíes y varios voluntarios españoles se encargan de la alimentación y la higiene, al tiempo que Nepal Sonríe sufraga los gastos de educación, nutrición, higiene, limpieza y mantenimiento del hogar, así como el sueldo de las cuidadoras.

Afortunadamente,  los dos últimos terremotos solo causaron pequeños daños a la estructura de la casa, si bien en Hetauda muchas viviendas se derrumbaron causando la muerte a 95 personas . Por ello, según explica Hernández, muchas familias se han visto obligadas a vivir al raso en improvisadas tiendas de campaña con palos y lonas, situación que se agravará en pocos días ante la llegada del monzón, caracterizado por las fuertes lluvias que suelen provocar epidemias entre la población. Mientras, otros habitantes tienen miedo a dormir en sus casas por si caen, debido a que muchas de ellas están dañadas, por lo que optan por dormir en la calle en esterillas.

Foto de Carlota Collazos

Foto de Carlota Collazos

Esta es la situación de miles de personas en Nepal, tal como ha denunciado el coordinador residente de la ONU en el país asiático, Jamie McGoldrick, quien ha calificado de “decepcionante” la respuesta de la comunidad internacional, al centrarse en la búsqueda de supervivientes y olvidarse de la ayuda alimentaria y del cobijo.

RECONSTRUCCIÓN DE VIVIENDAS

El Gobierno de Nepal prometió entregar a cada familia sin techo 15.000 rupias (135 euros) para que pudiera comprar chapas con las que protegerse del mal tiempo ante la inminente llegada del monzón, si bien estas ayudas no están llegando aún a las zonas rurales. Por ello, Nepal Sonríe ha decidido aportar su granito de arena y en las últimas semanas, la anterior coordinadora de voluntarios, Ana Belén Puebla, junto a otros voluntarios y un arquitecto nepalí  hicieron el primer reconocimiento visitando viviendas en la zona de Bashtipur, a seis kilómetros de Hetauda  que han resultado destruidas tras los dos terremotos.

La presidenta de Nepal Sonríe, Irene Fernández, detalla que su organización ha decidido destinar las donaciones recibidas tras el terremoto para reconstruir las casas de esta zona de lo cual se beneficiarán más de un centenar de personas.  Hay que tener  en cuenta que en Nepal hay viviendas en las que viven hasta cuatro familias juntas. La cantidad económica se ha determinado en función de las consideraciones del arquitecto y del precio de los materiales en Nepal.

A fecha de hoy, esta organización ha conseguido cerca del 70 por ciento de lo presupuestado,  gracias a las aportaciones anónimas a través de la página web www.nepalsonrie.org, por lo que ya se va a empezar a reconstruir los primeros inmuebles, todos ellos pertenecientes a personas con escasos recursos económicos. En los últimos días, ya han empezado las obras de reconstrucción de las dos primeras casas afectadas. La primera ha sido la de Rameshpuri, una de las familias beneficiarias. Dos obreros locales han cambiado las piedras y barro con el que estaban hechas las viviendas por bloques, cemento y hierros que darán resistencia a la estructura en caso de ocurrir nuevos seismos.

Foto de Carlota Collazos

Foto de Carlota Collazos

Fernández señala que se ha decidido ayudar a estas personas teniendo en cuenta que al vivir en zonas remotas, no llegará nunca la ayuda internacional. “Estuvimos tres días visitando estas viviendas  para lo cual atravesamos ríos y montañas en caminatas de más de 12 horas diarias”, rememora, por su parte, la coordinadora de voluntarios, quien apunta que alguna de las casas llevaba en pie desde hace 80 años. Durante estas visitas, además de conocer la situación económica de cada familia, Hernández revela que se estudió la posibilidad de reutilizar la arena, así como las piedras y la madera de los muros que se cayeron para mezclarlo todo con grava y cemento y lograr así unas vigas que permitan una mayor sujeción.

Mientras, Hernández explica que en las últimas semanas, el coste del material para la construcción se ha encarecido, debido sobre todo, al cierre de una de las dos cementeras de Hetauda ante el temor de los trabajadores de que se derrumbara la fábrica encima de ellos con alguna de las numerosas réplicas que se producen.

Este miedo generalizado en la población ha provocado también la paralización de las obras de una guardería que Nepal Sonríe está construyendo  desde hace mes y medio en una de las zonas más humildes de Bashtipur para 20 niños de entre seis meses y seis años. Laura Hernández detalla que debido a las réplicas del terremoto, los obreros decidieron no ir más por temor  a sufrir un accidente laboral, si bien los trabajos que está previsto que finalicen en un año, se han retomado esta semana, una vez ha regresado la normalidad al país. Para este proyecto, según revela la presidenta de Nepal Sonríe, Irene Fernández, ya se ha recaudado en  torno al 50 por ciento, que se destinará al cimentado y a la primera fase.

No obstante, Fernández  incide en que la prioridad de la ONG en estos momentos es conseguir el dinero necesario para la reconstrucción de las viviendas, cuyas obras estarán dirigidas por un arquitecto nepalí, que es el mismo que está construyendo la guardería. Además, estará apoyado por un arquitecto español, que será el jefe de obra.

La presidenta de la ONG asevera que con esta guardería se pretende ayudar a que los padres puedan salir a buscar un empleo en lugar de dedicarse a cuidar de sus hijos. Al mismo tiempo, anuncia que las trabajadoras serán algunas de las madres de los niños para garantizar que puedan obtener ingresos. Una de las condiciones que pondrán a las familias para beneficiarse de la guardería es que en caso de tener hijos mayores, deberán escolarizarlos. Además, estos jóvenes tendrán derecho a desayunar y comer en el centro, que abrirá de ocho de la mañana a cinco de la tarde.

UN FUTURO PARA LOS NIÑOS NEPALÍES

Otros de los proyectos en los que está centrada ‘Nepal Sonríe’ es en buscar un futuro a los jóvenes que residen en la casa de acogida y que deben abandonarla una vez cumplen los 18 años, tal como establece la ley del país. Por ello, una voluntaria de esta entidad se va a encargar de visitar las escuelas y las academias de formación profesional en Hetauda, para que continúen sus estudios.  En caso de que no cumplan las expectativas, Irene Fernández, anuncia que esta organización valorará la posibilidad de crear en un futuro una academia de estudios profesionales.   Hasta el momento, según revela, solo dos niños, Mangal y Sancha, han abandonado el centro de acogida a donde llegaron cuando tenían 12 y 9 años, respectivamente, para irse a vivir de nuevo con sus familias tras alcanzar la mayoría de edad. Actualmente, los residentes más mayores tienen 15 años, por lo que Fernández indica que aún hay tiempo para buscar una salida académica a estos niños.

Foto de Carlota Collazos

Foto de Carlota Collazos

Esta ONG nació en 2012, después de que cuatro de sus integrantes coincidieran precisamente en la actual casa de acogida cuando estaba gestionada por otra organización española. La situación, según rememora Fernández, era muy distinta a la actual, ya que no había ni cocina y los niños estaban desnutridos, así que en el verano de 2013 decidió regresar a este lugar después de recaudar fondos para construir un aula, una cocina y colocar placas solares, cuyas obras se llevaron a cabo entre ese año y el 2014. Asimismo, se firmó un convenio con el director del centro para enviarle una asignación mensual, con el fin de sufragar la nutrición y la higiene de los niños, así como el sueldo de las seis mujeres que trabajaban en este lugar desde que en el 2006 abriera sus puertas.

Así, seis años después de inaugurarse el centro de acogida, Nepal Sonríe se encargó de su gestión mejorando la alimentación, enseñando a los niños hábitos de higiene e impartiéndoles clases de inglés.  Además, cuenta con un telar en el que una mujer, con la ayuda de dos de las cuidadoras,  fabrica bolsos y carteras, que son vendidos en mercadillos solidarios y eventos de España para financiar el mantenimiento del centro y lograr así que en un futuro sea autosuficiente.  Al mismo tiempo, en el 2014 la ONG también colaboró en la construcción de una segunda casa de acogida en esta zona del país en la que residen otros 30 niños y que, hasta entonces, vivían hacinados en una vivienda de una sola planta.

En Nepal, tal como recuerda la presidenta de esta organización, se vive el día a día sin pensar mucho en el futuro, por lo que incluso en este aspecto  Ansu es una excepción, dado que contaba los días para que abriesen las escuelas y regresar a una normalidad quebrada por la fuerza de la naturaleza. Quizá en unos años sea ella misma la que trabaje en el centro de acogida cuidando a otros niños y manteniendo el legado de la ONG.

Foto de Carlota Collazos

Foto de Carlota Collazos

 

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