Corriendo entre armas en Jerusalén

La ciudad ha reunido a 25.000 corredores en la 5º edición de la Maratón con unas desmesuradas medidas de seguridad

Un joven soldado israelí que apenas supera los 20 años lleva en su hombro hasta cinco fusiles de asalto para repartirlos entre sus compañeros. Mientras, militares vigilan desde los tejados de la ciudad vieja de Jerusalén, al tiempo que se alinean en filas de hasta cinco y seis soldados casi adolescentes en las calles. Por si fuera poco, policías armados con pistolas se apostan en las esquinas, de forma que es imposible avanzar 50 metros sin ver un arma. En el cielo, sobrevuela un helicóptero. Y no, Israel no ha entrado en una nueva guerra, sino que ha celebrado este viernes la 5º edición de Winner Maratón, que ha reunido a 25.000 corredores de 60 países con unas desmesuradas medidas de seguridad, a pocos días de las elecciones del 17 de marzo, que se han sumado a la ya de por sí omnipresencia de agentes de seguridad en las calles. Los militares se han llegado a colocar en el tramo en el que corrían los atletas e incluso alguno de ellos chocaba la mano de los corredores de manera amistosa. De esta forma, el Gobierno de Israel pretendía evitar que se produjera un atentado terrorista como el que sufrió la ciudad de Boston en 2013 en el que murieron tres personas y 260 resultaron heridas.

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La carrera se ha desarrollado sin incidentes y con un carácter festivo siendo el único hecho relevante la protesta de cerca de 20 niños de los barrios de Jerusalén este de Shiloach (Silwan) e Issawiya a lo largo de los tramos de las rutas que atravesaban la denominada Línea Verde (fronteras anteriores a la Guerra de los seis días de 1967). Concretamente, los menores portaban pancartas en las que se leía ‘Bienvenido a Palestina’ y llevaban puestas unas camisetas con el lema “¡Alto! Think Twice (piénsalo dos veces). Usted está participando en un evento político, no un maratón de deportes!. Usted está en la Jerusalén ocupada en tierra palestina”. También se pudo ver a niñas con camisetas con el lema ‘Gracias a los soldados israelíes’ con un gran corazón.

El ambiente comenzó bien temprano, ya que a las seis de la madrugada, miles de corredores se dirigían a Sacher Park para participar en alguna de las distintas carreras programas, de 5, 10, 21,1 (media maratón) y 42,2 kilómetros (maratón).  Las calles ya contaban con una amplia presencia policial, que se hacía aún más evidente en Sacher Park, donde decenas de agentes custodiaban la entrada al mismo, aunque no hacían controles ni a los corredores, ni a los espectadores. La explanada era toda una fiesta con puestos de comida y de venta de material deportivo, al tiempo que una animadora bailaba al ritmo de música disco, mientras unas decenas de valientes se atrevían a seguir sus pasos antes de ponerse a correr. Los que ya se encontraban calentando en una zona del parque, ajenos al resto de corredores, eran los atletas que tenían previsto luchar por la victoria, la mayoría de ellos africanos, siendo el ganador el etíope Davi Tadesse Yae, con un tiempo de 2.18.20, seguido del keniata Raymond Kimutai Bett, con una marca de 2.18.27. Mientras, la mujer ganadora fue la keniata Joan Jepchirchir Kigen, tras cruzar la meta en 2.45.55 horas, seguida de la etíopeTigist Worku Neri, con 2.46.52.

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Si bien lo menos importante era quién ganase, porque el ambiente estaba en la calle por la diversidad cultural de los corredores. Ya en la salida, había numerosos grupos de militares y policías vestidos de sport que corrían en grupos la maratón con camisetas que informaban de su pertenencia a estos cuerpos. Por otro lado,  se veían chicas ortodoxas judías que corrían con grandes faldas, camisetas de manga larga y el cabello tapado. A su lado, pasaban hombres musculados que entrenan todo el año para enfrentarse a carreras como ésta, mientras que jóvenes y niños con el tradicional kipá participaban en este evento deportivo que paralizó la ciudad por unas horas. Gente mayor con el rostro contraído por el esfuerzo avanzaba lentamente siendo fiel al lema de varios corredores en cuya camiseta se podía leer en inglés ‘Si tú puedes soñarlo, tú puedes hacerlo’.  Para mérito, el del chico que, ayudado con dos muletas y con una grave enfermedad motora,  iba paso a paso con la mente puesta en la meta sabiendo que lo más importante era el camino.

REIVINDICACIONES POLÍTICAS Y SOCIALES

 

Pero en Israel hasta en las competiciones deportivas es imposible sustraerse de la política y, por eso, no fueron pocos los atletas que llevaban camisetas y banderas reivindicativas de algún movimiento político, como aquel hombre que corría con una pancarta con la foto del ex analista civil de Inteligencia de la Marina de EEUU Jonathan Pollard y una petición para que este país le deje libre tras condenarlo en 1987 a cadena perpetua por espiar para Israel.

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Otras mujeres aprovechaban la carrera para repartir entre los espectadores tarjetas de la organización ‘Women of the wall’, que defiende el derecho de las mujeres a rezar en el Muro de las Lamentaciones, de una manera que incluya el canto, la lectura en voz alta de la Torá y el uso de prendas religiosas, algo que no pueden hacer actualmente, debido a las restricciones ortodoxas.  También había participantes que daban a conocer una labor social, como unas chicas jóvenes, que corrían portando banderas y carteles en los que se leía ‘Corriendo por la Dignidad Humana con Team Shalva’, que es una asociación dedicada a la infancia con problemas mentales y físicos en Israel, que ayuda a medio millar de personas en este país.

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Todo un arco iris de deportistas, que en la parte más antigua e histórica de la ciudad de Israel se cruzaban en su camino con rabinos judíos, curas de la ortodoxia  rusa y familias ortodoxas judías que apenas desviaban la mirada, si es que lo hacían, a la riada infinita de atletas, separados ambos mundos por una mera valla en la que se apoyaban con mirada cansada decenas de policías y militares, que parecían más agotados que los propios atletas.

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La anécdota de la jornada la protagonizó un hombre árabe de edad avanzada con la vestimenta típica palestina y la kuffiyya que con su bastón apenas recorría unos metros paso a paso, lo que enseguida llamó la atención de los agentes de seguridad. Uno de ellos se le acercó y tras avisarle de que se trataba de una maratón, el hombre, cansado por el esfuerzo y sorprendido de ver a tanta gente se salió del recorrido de la carrera donde se debió meter por error sin saber muy bien por qué ese día todo el mundo corría por la calle.

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