LOS ‘OKUPACIÓN’ QUE REHABILITA UN BARRIO DE VITORIA

El parque de viviendas ha crecido de manera desmesurada en los últimos años en Vitoria, gracias a la expansión de los barrios de Salburua y Zabalgana. Miles de jóvenes se sintieron en su día afortunados tras haber podido acceder a un piso de protección oficial, ya sea de venta o de alquiler. Sin embargo, mientras unas zonas crecían sin parar, otras iban muriendo convirtiéndose en un reducto de la antigua ciudad. Este es el caso del barrio de Errekaleor, muy activo en los años 50 y 60, cuando sus vecinos lo mantenían vivo con distintas actividades convirtiéndose en toda una comunidad.

Sin embargo, este barrio, que fue diseñado por el Obispado de Vitoria con el nombre el ‘Mundo Mejor’, se ha ido aislando de los planes urbanísticos del Ayuntamiento, hasta el punto que el objetivo del Consistorio es derruirlo para construir nuevas viviendas que formen parte del sector 14 de Salburua.

Para ello, en 2009, aprobó la modificación puntual del Plan General y ya desde el 2005 ofreció a sus 192 vecinos abandonar sus casas para trasladarse a otras viviendas de protección en distintas zonas de la ciudad. De ellos, 160 aceptaron las condiciones de expropiación y abandonaron sus inmuebles, si bien 30 vecinos se negaron a dejar su barrio y se fueron quedando poco a poco más aislados, debido a que con el tiempo, el Ayuntamiento fue cerrando los equipamientos de esta zona, como la biblioteca, el centro social o el cine, al tiempo que en 2013 eliminó el servicio de autobús que unía este barrio con el centro de la ciudad.

La institución municipal esperaba que de esta manera, iba a ir convenciendo a los vecinos para que cambiaran de idea y se fueran para llevar a cabo su proyecto urbanístico. Sin embargo, con lo que no contaba era que el barrio, en lugar de despoblarse, iba a ir creciendo en número de habitantes, gracias a las 70 personas que en los últimos meses han ido ocupando distintas viviendas vacías. Ellas se han sumado a las diez familias que aún residen en Errekaleor y que se niegan a abandonar sus casas, pese a estar muy deterioradas, generando un problema a la Sociedad Pública Ensanche 21, que pretende desalojar todo el barrio para derruirlo. Además, en el mismo barrio se ha instalado desde hace tiempo un poblado chabolista de rumanos que viven de manera muy precaria sin agua ni luz.

Los ‘okupas’ precisan que no sólo han ido a esta zona del sur de Vitoria a vivir, sino a revitalizar un barrio que hasta ahora estaba prácticamente muerto y en el que muchas viviendas están tapiadas, así como la antigua iglesia o el bar. Para ello, han creado un colectivo, denominado ‘Errekaleor Bizirik’, en el que participan medio centenar de personas, que convocan una asamblea a la semana en la que se acuerdan las actividades o se resuelven los problemas del barrio.

HUERTA Y REAPERTURA DE EQUIPAMIENTOS

Estos nuevos vecinos, la mayoría de entre 20 y 40 años, aunque también hay familias con hijos, han logrado recuperar algunos equipamientos, como el cine en el que pretenden proyectar una película a la semana, tal como hicieron este martes con la exhibición de ‘Dallas Buyers Club’. Asimismo, quieren reabrir la biblioteca y el centro social. De momento, ya cuentan con una huerta en la que cultivan patatas, acelgas, lechugas y puerros y tienen también un pequeño corral con cuatro gallinas que les proporcionan huevos.

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Pese a que la primera impresión al entrar en el barrio es que está desangelado y que ya no queda nadie, ante la ausencia de gente o de vehículos aparcados, lo cierto es que este movimiento okupa trata por todos los medios de reanimar esta zona que poco a poco se va repoblando con nuevos inquilinos, la mayoría estudiantes universitarios que fueron los primeros en llegar, aunque también hay trabajadores y desempleados.

En una de las viviendas ocupadas viven una decena de personas, de entre 20 y 30 años, incluida una pareja con un bebé. Tras mostrar con orgullo el barrio, que cuenta incluso con una zona de intercambio gratuito de ropa y de libros, María, de 28 años, señala que antes de trasladarse a Errelakeor, ya ocupaba desde hace un año una vivienda con las mismas personas, si bien finalmente se fueron ante el temor de un desalojo judicial inminente.

Actualmente, tienen ocupado un bloque de cuatro pisos, de los cuales tres están destinados a las habitaciones y uno es la zona común de la cocina y el salón. Pese a que el edificio es muy antiguo y el interior te retrotrae a esas viviendas de barrio obrero de los años 50, las habitaciones aún mantienen un estado habitable.

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En esta vivienda, cada día cocina una persona, al tiempo que hacen turnos de limpieza. Para lograr la comida, recurren al huerto o acuden a tiendas para que les den aquellos productos que sobren. Pese a que muchas tiendas se niegan, han logrado que una les suministre frutas y verduras, mientras que el resto de alimentos o productos de limpieza los adquieren con un bote que ponen en común.

La habitante más joven es Maialen, de 20 años, quien abandonó hace un año la casa de sus padres para vivir de okupa. Primero lo hizo en una vivienda ocupada de Vitoria durante 10 meses y, posteriormente, se trasladó el pasado mes de junio a Errekaleor. “Me fui de casa porque quería independizarme y porque veo la ocupación como una herramienta para cambiar la sociedad”, asegura, al tiempo que desvela que, en un principio, sus padres pensaban que tras probar la experiencia volvería de nuevo a su casa para disfrutar de las comodidades. Tras ver que no regresaba, se interesaron por ver dónde vivía, de modo que el único reparo que le ponen es que se trata de casas muy antiguas, aunque respetan su decisión.

Lo único que lleva mal Maialen es el frío que pasa en invierno, dado que al ser casas muy viejas, no están bien aisladas del exterior. No obstante, cada inquilino cuenta con su pequeño calefactor, aunque no son suficientes para calentar toda la casa. La joven, que además de estudiar Agricultura trabaja de vez en cuando como camarera, señala que ve la ocupación como otra “manera diferente de vivir y de organizarte”, a la vez que reconoce que ella seguiría ocupando aunque tuviese dinero, porque “te aporta mucho como persona”.

“MÁS QUE MIEDO, INSEGURIDAD A QUE TE ECHEN”

“No tienes una seguridad de por vida, sino que aprendes más a sacarte las castañas del fuego, porque hoy estás aquí y a lo mejor mañana no”, sostiene. Así, admite que vivir de okupa, más que miedo a que le echen en cualquier momento, le genera “inseguridad”, ya que tras el desalojo “te quedas con la mochila en la calle y hay que buscar otro sitio”. En esta línea, incide en que si les echan de Errekaleor, ella buscaría otra vivienda con las mismas personas con las que reside en la actualidad, por lo que no recurriría a la solución fácil de regresar con sus padres.

Así, dice que cuando se elige esta forma de vivir, “sabes que un día te van a desalojar, por lo que hay que asumirlo y tener las cosas preparadas para que cuando llegue el momento se haga rápido y lo puedas asimilar lo antes posible”.

En este aspecto, su compañera de piso, María, asegura que no le da miedo el posible desalojo, debido a que, a su juicio, será un proceso largo y habrá un tiempo entre los avisos y la fecha de partida. Además, va más allá al afirmar que “igual no nos tenemos que ir de aquí porque conseguimos quedarnos”. Para ello, miembros de ‘Errekaleor Bizirik’ han participado en Plenos del Ayuntamiento para informar a los regidores de las labores de revitalización de este barrio, con el fin de impedir su derribo definitivo, si bien el Consistorio sigue con sus planes a la espera de que las familias que aún viven y que son propietarias de los pisos decidan trasladarse a otras casas. Debido a la mala situación económica, el proyecto también se ha ido retrasando ante la falta de liquidez en las arcas públicas.

Para Carlos, otro estudiante de 20 años que reside en esta vivienda, al Consistorio vitoriano “le molesta este movimiento, porque estamos luchando por este barrio y porque estamos dando excusas para quedarse a los vecinos que aún continúan en Errekaleor”, al activar de nuevo los servicios con los que contaba este barrio. Carlos es optimista y considera que, al menos, hasta después de las elecciones municipales de 2015 no les van a desalojar, si bien dice que ya ha vivido otras experiencias de desalojo, por lo que “pueden venir mañana y echarte la puerta abajo, aunque al final aprendes a vivir con ello, ya que no puedes estar obsesionado con este pensamiento”.

“NO SE TRATA SOLO DE VIVIR, SINO DE APORTAR AL BARRIO”

Por otro lado, insiste en que la ocupación no es sólo ir a vivir a un piso en el que no reside nadie, sino que se trata de “aportar algo” al barrio y a la gente de Vitoria, poniendo en marcha de nuevo servicios que el Ayuntamiento había eliminado, como el cine y el centro social. “La ocupación tiene un fin social y no solamente vivir y ya está”, sentencia. Así, asevera que “al final se trata de crear una comunidad en la que es importante no sentirse solo, sino compartir, a pesar de las diferencias que hay entre la gente”.

En este aspecto incide otro de los jóvenes que residen en este piso, llamado Manuel, de 25 años, quien destaca que cuando llegaron, no había luz, por lo que fue otro vecino quien les pasó un cable de otra vivienda que ocupaba para que pudieran tener electricidad. Tras varios ‘apaños’ y colocar fusibles nuevos, han logrado tener luz, al tiempo que tienen agua, debido a que el Ayuntamiento no se la ha cortado. “El Consistorio sabe lo que hay aquí, porque varios miembros nos han visitado para negociar que nos vayamos, si bien saben que no somos okupas con el estereotipo que ellos tienen, sino que estamos aquí para trabajar por el barrio”, concluye.

Precisamente, durante esta semana, la plataforma ‘Errekaleor Bizirik’ ha celebrado varios actos para buscar el apoyo de los vecinos de Vitoria y al mismo tiempo resucitar el ambiente del barrio. Además de reabrir el cine, han celebrado un Bertso Afaria en el antiguo Centro Social y un trikipoteo desde Errekaleor al barrio de Adurza.

Cabe recordar que el movimiento a favor de los derechos humanos, Elkartzen, cifra en 10.000 las viviendas vacías que hay en la capital vasca. Ante esta situación y los problemas que tienen los vitorianos para acceder a un piso, teniendo en cuenta que los jóvenes deben destinar el 70 por ciento de su sueldo para pagar los elevados alquileres, se ha convocado una manifestación el próximo 11 de diciembre, bajo el lema ‘La vivienda debe ser un derecho y no un lujo’. Además de Elkartzen, a esta movilización se han sumado una quincena de movimientos sociales, entre ellos, ‘Errekaleor Bizirik’.

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