IMPROVISANDO CON MUJERES DE LA INDIA

Hace dos años, descubrí en Palma de Mallorca la terapia que supone el teatro Improvisado, gracias a una compañía, llamada Trampa Teatre. La filosofía de esta modalidad artística es salir al escenario sin saber lo que vas a decir, ni quién vas a ser, ni lo que va a suceder, ni mucho menos cómo va a terminar la historia. Improvisación pura y dura, basada en el principio básico de decir siempre sí y además y evitar decir no, porque en ese caso, ya no hay escena.

A mí siempre me ha gustado improvisar en todo, así que esta forma de teatro me vino como anillo al dedo, porque me permitió cambiar mi vida y decir sí a dejar un trabajo en el que ya no podía más y dejarme llevar siempre por lo que me fuera llegando. Un día me llegó la oportunidad de venirme a Anantapur, al sur de la India, para trabajar como voluntario en el departamento de Comunicación. Gracias a esta gran experiencia que vivo desde el pasado 21 de mayo, he conocido varios proyectos y muchos voluntarios, como Nuria y Patri, que tras comentarles que había estudiado Impro, me preguntaron si me apetecía impartir un taller para las 38 mujeres, de entre 20 y 30 años, que estudian en la Professional School for Foreign Languages. Mi respuesta no podía ser más que un rotundo sí.

Tras buscar varios ejercicios de Impro que yo hice durante mis cursos y hablar con alguna compañera de Mallorca, me dirigí todo nervioso a esta escuela profesional en la que las jóvenes reciben clases de inglés, español, francés y alemán, así como informática, contabilidad y estrategias de comunicación.

Nunca había impartido un curso de Improvisación, pero sólo sabía que quería que ellas disfrutaran tanto o más como lo hice yo en su día y creo que lo logré. “Me duele la tripa de reír. Durante este curso, nunca había reído hasta realizar este taller de teatro”, me dijo al concluir el taller una de las chicas, llamada Yerramma, con una gran sonrisa en su rostro.

Las profesoras Nuria, Patri e Irene me pidieron que hiciese este curso para deshinibir a estas mujeres, la mayoría de ellas de castas bajas, con estudios de grado, y que les cuesta muchas veces exteriorizar lo que sienten o simplemente levantar la voz para expresarse. Así que preparé unos ejercicios básicos de calentamiento para lograr cambiar esta situación. La imagen fue increíble. Yo rodeado de cerca de 40 mujeres jóvenes, la gran mayoría de una magnífica belleza, vestidas con los saris (trajes tradicionales femeninos en la India). Todas me miraban con atención y con un poco de miedo también al no saber muy bien qué tipo de taller les impartiría. Debo decir, dato importante, que todo el taller fue en inglés y que no fue nada fácil expresar lo que quería en este idioma, pero su energía me ayudó a hacer el esfuerzo, al tiempo que las otras voluntarias me ayudaban a veces en la traducción.

El taller me dejó exhausto, dejé toda mi energía durante cerca de dos horas para lograr que esas mujeres, que viven internas en el citado colegio y que, pese a su edad, se comportaban como si fueran adolescentes, disfrutaran, aprendieran y se olvidaran de su situación para interactuar entre ellas.

No hay palabras para describir lo que significa ver a decenas de mujeres de una cultura tan alejada a la mía reír tanto, bailar, gritar, correr y, en definitiva, actuar, pese a que ninguna de ellas había hecho teatro en su vida. Comenzamos con un juego que consistía en pasarse una pelota diciendo su nombre y el nombre de la persona que lo recibía. Ahí ya se generó una dinámica de grupo en el que sólo se oían sus dulces voces y las risas de las chicas cuando la pelota volaba y no era alcanzada por ninguna de las jóvenes. Todas querían participar y moverse. La cosa se complicó cuando sólo tenían que decir el nombre de la persona que les había lanzado la pelota, al tiempo que ellas la lanzaban a otra persona.

A continuación, una mujer del grupo debía dirigirse a otra mujer con los brazos en alto y corriendo diciendo I want a piece of rice (quiero una pieza de arroz) y así cada vez más rápido hasta que en el medio del círculo había por lo menos tres o cuatro chicas yendo de un lugar a otro riendo y haciendo el ejercicio.

Parecía que tenían muchas ganas de participar y aprender porque cada vez que yo decía stop, toda la marabunta de mujeres se quedaba en un extremo silencio escuchando y observando con sus grandes ojos negros las explicaciones que yo les daba en mi paupérrimo inglés. Enseguida les proponía otro juego y volvían a oírse sus vitales risas, que esconden situaciones de pobreza y lucha en una sociedad de castas en la que no es nada fácil ser mujer, porque son casadas a la fuerza y muchas de ellas sufren la violencia de algunos hombres, que no entienden que la mujer tiene su independencia y que no es un objeto que puedan usar a su antojo.

El siguiente juego consistió en entrelazarse con las manos en divertidos nudos e intentar desenredarse, algo realmente difícil, pese a lo cual ponían todo su empeño en ello.

ADOLESCENCIA INFINITA

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Cuando más o menos lo lograban, se soltaban y se ponían a bailar, como si aún no fuesen mujeres universitarias y se hubieran quedado estancadas en una adolescencia infinita que no acaba nunca. Sólo terminará cuando sus padres decidan casarlas con algún hombre, a quien le ofrecerán una dote para que su hija se vaya a vivir a casa de sus suegros, donde tendrá varios hijos y sufrirá con mucha probabilidad el maltrato de su marido o de los padres de éste. Así que ante este panorama desolador, casi es mejor que continúen creyendo que aún son niñas y que queda muy lejos ese fatídico día en el que se casan con alguien a quien no aman ni puede que lleguen a amar nunca.

Por eso es tan importante la formación que reciben en esta escuela y que las prepara para encontrar un trabajo a corto o medio plazo, una vez finalicen el año que dura el curso en este colegio, que fue ideado en el 2012 por Nuria, una voluntaria catalana, que ama la educación y que habla de estas alumnas como si fueran sus hijas, a quienes les enseña las respuestas para cualquier tipo de pregunta en una entrevista de trabajo.

Sigamos pues con la clase de Impro y coloquemos de nuevo a las chicas en grupo para que de entre todas ellas, salga una al medio para cantar y bailar una canción hasta que otra decida hacer lo mismo y la sustituya. Algunas fueron reticentes a salir, pero muchas otras no tuvieron ningún reparo en ponerse a cantar y a bailar de manera sensual imitando a sus ídolos del cine de Bollywood. Daba igual que en la sala hubiera un hombre, que era yo, porque ellas ya se habían relajado y sólo pensaban en divertirse y vivir una experiencia única, lejos de las exigentes clases de idiomas , que tienen el fin de darles un futuro para que logren un empleo en una de las multinacionales existentes en las grandes ciudades cercanas a Anantapur, como Bangalore o Hyderabad.

De esta manera, se alejarán de sus familias y lograrán una independencia económica y social en una ciudad en la que con un poco de suerte, podrán eludir el triste destino de la mayoría de mujeres de este país, como es casarse con alguien a quien acaban de conocer y con quien ni siquiera ha podido estar en intimidad. De momento, dos de ellas ya han encontrado trabajo, mientras que también están colocados los 40 chicos que asistieron el curso pasado a esta escuela. Los chicos y las chicas no se mezclan, así que se turnan cada año para estudiar en este centro educativo, que llega a ser gratuito para las familias con pocos recursos.

Pese a que empezaron el taller de Impro 38 jóvenes, algunas lo fueron dejando escalonadamente, no porque se aburrieran, sino porque tenían que cenar o hacer labores, como la colada o terminar algunos trabajos. Estas mujeres residen en el mismo colegio, donde trabajan cuatro voluntarias españolas y dos indios y la mayoría proceden de zonas rurales de la región de Bayalaseema, en el Estado de Andhra Pradesh.

SÍ Y ADEMÁS

Las que continuaron pudieron hacerlo hasta las doce o la una de la madrugada, vista su energía al participar en los distintos juegos, como pasarse una pelota imaginaria o un objeto muy caliente imaginario. El ejercicio que más me agradó enseñarles es el que les enseña a decir Sí y Además, para lo cual las agrupé en parejas y les dije que viajaran con la mente a algún lugar de forma que la primera le dice a su compañera que quiere ir a Nueva York a lo que ésta responde con entusiasmo sí y además podríamos visitar un museo. Así continuamente y sin fin. Fue increíble verlas viajar de un lugar a otro sin cansarse. Siempre tenían cosas que ver y lugares que descubrir, por lo que aunque muchas de ellas no salgan jamás de la India, pudieron sentir las alas en su cuerpo y el ansia por conocer ese mundo que desde aquí parece tan lejano. Les pregunté si me podía apuntar a sus viajes imaginarios y la respuesta fue un contundente Sí y Además.

Finalmente, hice un ejercicio de voz para que pudieran gritar, dado que en la India, normalmente se habla muy bajo y las profesoras tienen problemas para entenderlas. Creo que ya nunca más lo tendrán porque demostraron tener una gran voz al plantearles que una amiga suya estaba atrapada en una montaña muy alejada y que tenían que gritarle que todo iba a ir bien. Aquello se convirtió en un griterío mezclado de risas e incluso de algún baile entre algunas chicas que se entretenían así cuando acababa el ejercicio.

Fue impresionante oír decenas de veces el Thanks sir for coming (Gracias por venir), al tiempo que me daban la mano y me pedían que volviera de nuevo, porque se lo habían pasado muy bien. No hizo falta que me lo dijeran. Claro que volveré, porque experiencias así son las que a uno le recuerdan que merece la pena estar vivo y continuar diciendo siempre Sí y Además a todo lo bueno que venga.

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