Los 400.000 libros de Bangalore

Bangalore es la quinta ciudad de la India más poblada, con más de 6 millones de habitantes, situada al sur de este gran país y como todas ellas es un caos moverse por sus calles esquivando rickshaws, ciclistas que se juegan el tipo, motos y demás vehículos que se abren paso a base de pitidos y haciendo apartar a peatones, quienes en el último segundo salvan su vida refugiándose en una acera. Uno de esos afortunados peatones era yo, quien gracias a uno de los cooperantes de la Fundación Vicente Ferrer, un canario llamado Radu, recalé en un lugar cuya modesta entrada esconde un tesoro de letras y cultura. Entre restaurantes y tiendas de ropa se halla en Church Street una librería única, llamada’ Blossom Book House’ , que alberga ni más ni menos que 400.000 libros.

Un laberinto de obras nuevas y de segunda mano de todo tipo repartidas en tres plantas en las que uno se adentra, pero no sabe nunca cuándo va a volver a salir ante la infinidad de libros, todos ellos en inglés, que se encuentra por las decenas de estanterías y distintos pasillos que te van conduciendo por todos los géneros posibles en los que se puede escribir. No hay obra que uno no pueda encontrar en esta librería, dividida por secciones: Psicología, Crimen, Romántica, Histórica, Política, Economía, Infantil, Lenguas, Clásicos, Guerras, Fotografía y así hasta un largo etcétera. También hay centenares de revistas editadas, algunas de ellas, hace decenas de años .

Uno de los responsables de esta tienda me cuenta que la librería, que abrió sus puertas en esta céntrica calle de Bangalore el 18 de febrero de 2002, cuenta con un total de 400.000 obras y 200.000 títulos, dado que hay alguno que está repetido. Al recorrer los pasillos en los que se apiñan centenares de libros desde el suelo hasta el techo, se tiene la sensación de que estas cifras se quedan cortas y que este establecimiento alberga muchísimos más libros, dada la inmensidad del lugar. No hay hueco en el que no haya un libro, ni siquiera en los pequeños huecos que separan una planta de otra. Parece como si en los últimos 12 años no hubieran vendido ni una sola obra, pero nunca más lejos de la realidad, porque la tienda es un ir y venir de gente que recala para quedarse un buen rato buscando y adquiriendo casi siempre alguna de las económicas obras que se venden en este lugar, con precios a partir de las 80 rupias (1 euro).

Una de las cosas sorprendentes que me ha pasado en este lugar es que al pedir en la planta baja un libro, titulado Chowringhee, del escritor indio Sankar, uno de los dependientes nos envía a la segunda planta. Nada más llegar, una chica joven que no supera los 20 años, vestida con un precioso vestido verde y un gran pañuelo rojo, nos recibe con una preciosa sonrisa y el citado libro en la mano. Cómo se ha enterado de lo que queríamos en tan poco tiempo (no tardamos más de diez segundos en subir) es toda una incógnita. Pero lo realmente increíble es que la chica encontrara en ese corto periodo de tiempo la mencionada obra entre miles de libros entre los que no sería raro que estuviera sepultado. Sólo unos afortunados libros disfrutan de la libertad apostados en la calle, justo al lado de la librería, como reclamo para las miles de personas que cada día pasan frente a este lugar.

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MOSAICO DE COLORES

Ante la rapidez de su búsqueda, no puedo dejar de preguntarla si se conoce exactamente dónde está cada libro y su respuesta es que sí, que conoce el punto concreto en el que se haya cada una de las obras que conforman este empacho de papel y de colores. La librería es un mosaico de color, que se mezcla con los vistosos colores de los vestidos de las dependientas, quienes se mueven descalzas por cada uno de los pasillos. Siempre están buscando, ordenando y encontrando cada obra que les solicita un cliente. Sin dudar un instante, se dirigen raudas a desenterrar la obra solicitada, debido a que no existe desorden, sino que todo libro está justo donde debe estar.

Al entrar en este paraíso de la literatura, lo primero que llama la atención es pasar del olor nausebundo de algunas calles de Bangalore, debido a la contaminación y a las sucias charcas que se acumulan en las aceras y la carretera, al olor del papel viejo. Un olor que te invita a pasearte por este caluroso lugar, sólo acondicionado con unos ventiladores situados en el techo, que, sin embargo, apenas hacen su labor de refrescar un ambiente cargado de polvo, que se va acumulando año tras año. Ello provoca más si cabe, que el lugar se convierta en un imán para los amantes de la literatura, que aún no han caído en manos de las ebooks o de las tablets y que desean inhalar el inconfundible aroma del libro viejo, que como nunca muere, espera a que unas manos vuelvan a palparlo y abrirlo para sumergirle en un mundo de fantasía o de cruda realidad.

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