Apadrinando sanidad en el Hospital Bathalapalli

A escasa media hora de la ciudad india de Anantapur se encuentra el Hospital Bathalapalli, uno de los cinco centros sanitarios creados por la Fundación Vicente Ferrer y que este jueves he tenido la suerte de visitar a costa de una pequeña lesión en mi pie izquierdo. No está recomendado correr por las calles de Anantapur, si uno no mira bien al suelo para no tropezarse con un pedrusco en medio del camino y caer ante la atenta mirada de los pasajeros de un rickshaw, que paró sólo para ver el espectáculo de un europeo corriendo por el arcén de una carretera, transitada por cerdos, vacas y cientos de vehículos y que tuve el placer de palpar de primera mano tras desplomarme. Fue solo un simple golpe que me provocó una leve hinchazón, gracias a la cual he podido conocer de primera mano el citado Hospital Bathalapalli y a su jefa del Servicio de Urgencias, Ketty Arce, una mujer ecuatoriana que estudió Medicina de Familia en Barcelona y que por cosas de la vida se encuentra en Bathalapalli, junto a su marido, un médico asturiano, encargado del Hospital de VIH y Tuberculosis.

Tras llegar al hospital, inaugurado en al año 2000 y en cuya entrada  se encontraban varios puestos de venta de mangos y piñas, así como decenas de personas tumbadas en el suelo esperando a ser atendidas o de visita al centro para conocer el estado de un familiar , entro a una sala en la que hay seis camillas, tres de ellas ocupadas por enfermos. Esa es la sala de Urgencias y a su cargo se encuentra Ketty, una de esas personas que merece la pena conocer por su constancia y su amor a la sanidad.

Me pide que me siente en una silla, dado que se encuentra atendiendo a los tres pacientes que ya están en camilla, uno de ellos un joven de 17 años que se ha intentado quitar la vida tragándose un gran número de somníferos. La vida no es fácil en esta zona empobrecida del Sur de la India, razón por la cual hay una alta tasa de suicidios, sobre todo, entre los jóvenes. Su madre se encuentra al lado de su hijo a la espera de que se despierte, algo que no hará hasta dentro de 48 horas, debido a la fuerza de los somníferos que esta vez no han logrado quitar la vida a este joven. La encargada de Urgencias me comenta que es difícil explicar a su madre que la causa de que su hijo está en el hospital es porque se ha intentado suicidar, algo que la madre no concebiría.

Tras controlar que el joven está estable a la espera de ser derivado a la planta de psiquiatría para ser ingresado, la joven médica, que se encarga de todas las Urgencias de este Hospital se dirige a controlar el estado de una anciana mujer, rodeada de sus hijos. Ésta, sin embargo, lucha por mantenerse viva. Paradojas de la vida.

Ketty cuenta con cuatro médicos a su cargo, la mayoría recién licenciados y con escasa experiencia, que escuchan atentamente todas las directrices de la doctora, quien controla todo al milímetro para que todo salga bien y cada día puedan ser atendidas alrededor de 40 personas en Urgencias. Ella está encargada de 13 camas, seis en Urgencias y siete más en un servicio de atención intermedia, en el que se valora si el paciente debe ser o no ingresado en planta. Por desgracia, los dos médicos interinos que estaban a su servicio y que contaban con una gran experiencia han dejado su puesto de trabajo, uno para opositar a la sanidad pública y otro para dedicarse a la sanidad privada. Admite que es muy difícil mantener a los médicos experimentados, que se sienten atraídos por el dinero y que prefieren trabajar por los buenos sueldos que ofrece la sanidad pública o privada.

Pese a ello no se rinde. Lleva dos años encargándose de esta labor, algo que, según reconoce, no fue nada fácil cuando llegó. Al comienzo iba llorando a su casa, situada a escasos metros del Hospital, en un pequeño oasis de cabañas, que sirven de descanso para los médicos y en el que ella trata de desconectar, algo nada fácil, dado que su disponibilidad son 24 horas al día. El hecho de que cuando llegó, recién licenciada de la especialidad de Médico de Familia en Barcelona, no la entendieran los médicos que tenía a su cargo, unido a su condición de mujer hizo que los comienzos no fueran fáciles, pero su fuerza de voluntad fue más poderosa que todo ello, hasta lograr un Servicio de Urgencias muy digno en una zona en la que la sanidad es un ‘capricho’ demasiado caro para quienes no tienen casi para comer.

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La ecuación es fácil: Todos los niños que son apadrinados a través de la Fundación Vicente Ferrer tienen acceso gratuito a este Hospital, que cuenta con diez cirujanos y cuatro quirófanos , aunque se están construyendo cuatro nuevos para relevar los actuales. Mientras, sus familiares sólo pagan el 40 por ciento del coste de la atención sanitaria, mientras que el 60 por ciento restante lo sufraga la Fundación. Si no se dan ninguno de estos dos casos, la persona debe pagar el cien por cien de la atención, si bien a veces se hacen excepciones, tal como reconoce la doctora, quien indica que en ocasiones, la Fundación se ofrece a pagar buena parte del tratamiento a aquellas personas sin apenas recursos.

Muchas veces, según cuenta, llegan familiares con algún enfermo, casi en fase terminal y se lo vuelven a llevar a casa para no tener que pagar el tratamiento, algo que siempre trata de evitar Ketty ofreciéndoles una atención gratuita o casi gratuita para evitar que este paciente acabe muriendo en el transporte público de camino a su casa. Al menos, dice, que muera dignamente rodeado de médicos y enfermeras que harán todo lo posible por salvarle la vida.

En total, este Hospital atiende diariamente a unas cien personas en Atención Primaria, mientras que cuenta con más de 300 camas hospitalarias a las que hay que sumar siete en Cuidados Intensivos. Concretamente, dispone de 164 camas en el Hospital General, así como 73 en el Hospital Pediátrico y 71 en el área de Enfermedades Infecciosas, concretamente, de Tuberculosis y VIH/Sida, que está dirigida por un médico asturiano, que lleva 5 años en este centro sanitario.

En los últimos días, ha habido cinco ingresos por Dengue, enfermedad que puede ser mortal y que es transmitida por los mosquitos, numerosísimos en esta remota zona de la India caracterizada por sus altas temperaturas, que llegan a alcanzar los 50 grados.

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UN MOTORISTA CEGADO POR UN SARI

Dejo a Ketty en su sala de Urgencias, tras disfrutar de su hospitalaria compañía, tan característica de la gente de Latinoamérica, y me dirijo junto al chófer que me ha traído hasta aquí de vuelta al campus de la Fundación. Coger el coche en este recóndito lugar siempre es un espectáculo como ver cómo en el carril contrario viene un motorista, junto a su mujer, cuyo sari (traje típico femenino de la India) se ha colocado debido al viento en toda la cara del hombre, quien no ve absolutamente nada, pese a lo cual sigue su camino en línea recta como si nada sucediera. ‘This is India’ me asegura irónicamente el conductor con una risa contagiosa, que me hace ver que hasta para él la escena es rocambolesca y divertida. La joven trataba de retirarle el traje como podía, aunque no con mucho éxito.

Unos kilómetros después, vemos algo insólito por la carretera. Una joven rubia en bicicleta bajo un sol abrasador. Sin decirme nada, el chófer para, espera a la ciclista y deja que mantengamos en medio del arcén una conversación en la que me explica que es una voluntaria cordobesa de la Fundación, llamada Eugenia, que siempre se mueve en bici haga el calor que haga. Mérito tiene desde luego, como los coches que se ven obligados a adelantarnos y evitar colisionar con los cientos de vehículos que vienen en dirección contraria en una maniobra cuando menos peligrosa. Es un milagro seguir con vida en este país con una conducción tan temeraria, en la que parece que siempre vas a chocar, llegando a ser peor incluso que el tráfico en Irán, que ya es decir mucho.

El día en el campus de la Fundación no ha podido acabar mejor, con una fiesta de despedida a Carme, una vital chica gallega, que vuelve a su tierra el próximo domingo, si bien lo hace con la cabeza bien alta. Sus chicas, como ella las llama, han logrado quedar primeras en un campeonato de baloncesto, dirigido a mujeres con algún tipo de discapacidad intelectual, por lo que algunas de ellas serán seleccionadas para poder jugar un campeonato a nivel estatal, que en caso de ganar las llevaría a Los Ángeles para participar en julio de 2015 en el torneo denominado ‘Special Olympics’ en el que participarán 7.000 atletas de 170 naciones en 21 modalidades deportivas.

La fiesta acabó con la gente bailando salsa y swing y con animadas conversaciones entre los que han dejado por un tiempo su vida en España para realizar una gran labor solidaria a muchos miles de kilómetros de su casa.

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