La biblioteca: El último reducto del comunismo en la sociedad capitalista

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La biblioteca es en pleno siglo XXI el último reducto puramente comunista en la actual sociedad capitalista donde todo tiene un precio y quien no tiene dinero no se puede permitir absolutamente nada, salvo sobrevivir como pueda. Así, en un mundo dominado por el deseo de tener más, existe un lugar único, donde todo es de todos sin importar el origen, la religión o la capacidad económica de cada uno y curiosamente no es poco lo que ofrece ese oasis de conocimiento.

Desde siempre he tenido una atracción única por las bibliotecas, hasta el punto que lo primero que hago cuando llego a una ciudad para vivir durante una temporada es acudir a la más cercana para hacerme socio y poder disfrutar de todo lo que me ofrece. Pero para mí, lo más importante es la esencia de lo que significa una biblioteca, dado que sus fondos, su mantenimiento y el sueldo de sus trabajadores es pagado por todos los ciudadanos con independencia de si la usan o no.

Además, cada documento que hay en la biblioteca pertenece a todos los ciudadanos, no sólo de los que viven en un determinado municipio, sino de todo aquél que recale en este remanso de paz y se siente a ojear los periódicos, las revistas o los libros. No te cobran nada por estar ahí, ni tampoco te piden dinero por llevarte un libro a casa o un Cd de música o una película.

Las multas por entregar tarde un documento es la misma para todos, ya seas un multimillonario que no sabe lo que tiene en el banco o una persona humilde que apenas tiene para llegar a final de mes. Y, por una vez, las multas no son económicas, aunque duelen mucho más que éstas, dado que son una penalización de días para volverte a llevar un libro, un Cd o un DVD y poder seguir disfrutando de la cultura. Además, todo el mundo tiene el mismo plazo para poder disfrutar del documento que se haya llevado y en estos lugares, por el momento, no cabe la corrupción con cobro de comisiones, tráfico de influencias y sobornos.

Hoy día ya no hay lugares en la sociedad actual en el que todos seamos iguales y tengamos la capacidad de llevarnos el mismo libro que se ha llevado otra persona días atrás y disfrutar de viajes únicos con la imaginación. El conocimiento al alcance de tu mano y sin pagar absolutamente nada, más allá de lo que cada ciudadano pagamos en impuestos para destinarlos a la cultura.

Ciudades como Vitoria, Palma de Mallorca o Barcelona donde he pasado varios periodos de mi vida me han ofrecido siempre miles de libros a mi alcance, sobre política, aventuras, historia, erotismo, misterio o terror. Si hubiera tenido que pagar por haber viajado con mi imaginación todo lo que he hecho y espero seguir haciendo, ahora mismo estaría en una auténtica ruina, pero por fortuna, aún hay lugares en los que no se paga por disfrutar o si se abona, es en común con todos los ciudadanos para disfrute de todos ellos.

En ocasiones, se pone como ejemplo a países comunistas como Cuba, Corea del Norte o China para hablar de un modelo que ha fracasado irremediablemente, debido a los gobernantes que se han aprovechado de este sistema para lograr poder y quedarse con los beneficios económicos, al igual que es un fracaso el capitalismo, que no entiende tampoco de derechos humanos, sino de incrementar los beneficios de unos pocos a costa del esfuerzo y la pobreza de muchos otros. Sin embargo, aunque parezca que vivimos en una sociedad totalmente capitalista en la que es imposible disfrutar de bienes materiales sin pagar, ahí están las bibliotecas para recordarnos que con una buena gestión del dinero de todos se pueden alcanzar objetivos que nunca podrán ser cuantificados, porque se manifiestan en forma de conocimiento y placer.

Es cierto que ahora mismo, se puede acceder a miles de libros de manera gratuita a través de Internet, pero no es ni remotamente lo mismo. La maravilla de leer un libro que ha sido leído por otras personas o escuchar música de todo el mundo sabiendo que otras personas han disfrutado del mismo placer es indescriptible.

Además, las bibliotecas están atendidas por personas, en general con un trato exquisito y un conocimiento encomiable en literatura y en cultura en general. He tenido la suerte de haber podido conocer bibliotecarios, tanto en Palma de Mallorca, como en Vitoria con los que he mantenido conversaciones muy interesantes y que agrandaban más si cabe el placer de acudir a buscar libros sin saber nunca qué me voy a llevar a casa. Rebuscar en las estanterías durante largos periodos de tiempo tratando de acertar con la elección para sentarme tranquilamente en casa para entreterme, pensar y viajar mentalmente alejándome de la rutina diaria. No puedo pedir más.

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