Cuchillas y ‘mallas antitrepa’ en España para frenar la esperanza de miles de inmigrantes

Inmigrantes Africanos a su llegada a España

La estrategia del Gobierno de Mariano Rajoy es clara, impedir a toda costa que puedan llegar miles de inmigrantes africanos a España y, por tanto, a la puerta de Europa, para lo cual coloca cuchillas en las verjas de Ceuta y Melilla. Además, según ha anunciado este jueves el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, se instalarán ‘mallas antitrepa’ en Ceuta, al tiempo que se reforzará el número de efectivos de la Guardia Civil, con 20 más, mientras que también operará un helicóptero.

Todo ello con el único objetivo de frenar la esperanza de miles de africanos que huyen de guerras, hambrunas y miseria a lo largo del continente que más sufre la pobreza en el mundo. Este martes, Díaz cifró en 40.000 la cifra de africanos que esperan en Marruecos y en otros 40.000 los que lo hacen en Mauritania pendientes de cruzar la frontera a España y la UE de forma “ilegal”.

Habría que concretarle las cifras al señor ministro, dado que son millones las personas de ese continente que tratan de huir como sea, dado que no tienen nada que perder, salvo sus vidas que ya están lo suficientemente castigadas por guerras fraticidas y hambrunas por luchas de poder, con el objetivo de controlar la gran riqueza mineral que hay en nuestro vecino continente y que alimentan no sólo nuestras joyerías (diamantes), sino también nuestros bolsillos y viviendas (coltán para móviles y ordenadores), nuestros vehículos (petróleo) por no hablar de productos como el cacao que hacen las delicias de nuestros paladares.

Lo que no sabe el ministro o no se quiere enterar es que a la desesperación, a la desesperanza, al hambre y al ansia de vivir no lo paran unas simples cuchillas o ‘concertinas’ como las denomina eufemísticamente el Gobierno, sino que los africanos que tienen la ‘suerte’ de llegar a la frontera con España tienen claro que no han hecho el viaje de miles de kilómetros en balde, guiados, muchos de ellos, por mafias que se aprovechan de su precaria situación.

Sólo piensan en saltar y llegar al paraíso, porque eso es lo que representa España y, por tanto, la Unión Europea, para todas las personas que en estos momentos malviven en el Monte Gurugú, en Marruecos, o en otros lugares del Norte de África a la espera de saltar la triple verja o cruzar en patera o a nado el mar que separa la miseria de la esperanza. Está claro que aquí no lo tendrán fácil, pero es que ellos llegan de unos lugares en los que progresar es imposible, porque no hay una sanidad de calidad, ni apenas educación, ni el más mínimo respeto a los derechos humanos.

¿Cuánto hace que no vemos en nuestras calles muestras de alegría tan elocuentes como los cameruneses, malienses o senegaleses que han logrado cruzar la verja? Esa alegría es real, porque lo peor para ellos ya ha pasado, un viaje de miles de kilómetros que sólo ellos y, sobre todo, ellas, que sufren todo tipo de abusos sexuales saben lo que han padecido por llegar a la puerta de lo que para ellos significa bienestar, mientras que para nosotros solo significa crisis y desempleo.

Los Gobiernos, no sólo el de España, sino toda la Unión Europea se tienen que dar cuenta de que no se puede poner fronteras a las personas, porque son ineficaces. Ahora mismo miles de españoles emigran a otros países en busca de lo mismo que tratan de encontrar los africanos: un empleo, una estabilidad y un bienestar. De momento, nadie nos deporta en masa, ni nos pone verjas con cuchillas, ni nos apalean cuando intentamos escapar de nuestro país, tal como hace la policía marroquí, tan amiga y leal a nuestro Gobierno. No es una cuestión de ideología, es una cuestión de humanidad. No podemos permitir que muera gente por intentar llegar a nuestro país o a cualquier otro, porque lo único que quieren es vivir.

Por tanto, si los Gobiernos quieren impedir la llegada masiva de inmigrantes lo tienen fácil, deben ayudar a los ciudadanos de los países de origen y no sustentar y respaldar a dictaduras que lo único que hacen es dar más razones para emigrar. La época de las colonias hace tiempo que concluyó, por lo que no podemos comportarnos los europeos con África como si fuera un continente inferior aprovechándonos de sus recursos naturales e instalando empresas que explotan a sus ciudadanos con el beneplácito de sus Gobiernos, que reciben cuantiosas comisiones. Y hasta que nadie con un mínimo de poder no entienda todo esto, jamás podrán parar a las miles o millones de personas que tratan de huir del mismo lugar del que huiríamos cualquiera de nosotros.

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