Corea del Norte obliga a escolares a asistir a ejecuciones públicas


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Corea del Norte obliga a los escolares a asistir a ejecuciones públicas, tal como han relatado a la ONU los ciudadanos de ese país Choi Young- hwa y Kim Joo- il, quienes vieron sus primeras ejecuciones cuando tenían 10 años de edad, después de que en ambos casos, su maestro interrumpiera la clase para llevar a los niños a ver las ejecuciones.Estos son algunos de los escalofriantes relatos recogidos por una comisión de investigación de la ONU en un informe, que fue presentado el pasado 17 de febrero en Ginebra (Suiza), tras escuchar a 80 exprisioneros de los ‘gulags’ norcoreanos, así como a desertores de ese país y expertos y en el que se documentan crímenes contra la humanidad cometidos por la Dinastía Kim.Entre los testimonios, destaca el de Choi Young- hwa, quien a lo largo de su vida fue obligado de nuevo a presenciar otra ejecución a la edad de 16 años, cuando el gerente de una fábrica fue ejecutado por motivos de espionaje después de que su fábrica mostrara un “pésimo desempeño económico”, según alegaron las autoridades del régimen. Este norcoreano recordó haber tenido “miedo y pensar que cualquiera puede convertirse en una víctima de este tipo de ejecuciones”.Por su parte, otro ciudadano de este país, llamado Kim Hyuk, desveló que a la edad de 9 años, fue testigo de su primera ejecución pública, que se llevó a cabo en las inmediaciones de un campo de prisioneros políticos cerca de Chongjin . Así, recordó cómo él y los otros niños jugaron con balas perdidas que encontraron tras los fusilamientos.De esta manera, se ha podido conocer el ‘modus operandi’ más atroz de la Dinastía Kim, que lleva gobernando con mano férrea 61 años, tras la guerra de Corea de 1953. Así, saber lo que ocurre en Corea del Norte es casi imposible, teniendo en cuenta que se trata del país más hermético del mundo, por lo que lo único que se conoce es a través de norcoreanos que han logrado escapar.Así, el citado informe de la ONU pone de manifiesto que “casi todos los ciudadanos” de la República Popular Democrática de Corea (nombre oficial) se ha convertido en un testigo de una ejecución, ya que “a menudo, se realizan en público en lugares centrales”. De esta manera, revela que en muchos casos , la totalidad de la población del lugar en el que se lleva a cabo la ejecución está obligada a asistir a la misma, incluidos los niños. En otros casos, según relata la ONU gracias a los testimonios de norcoreanos, las ejecuciones se llevan a cabo en los estadios o grandes salas frente a una audiencia más seleccionada.

Sin embargo, el régimen del joven Kim Jong- Un es totalmente opaco en cuanto a las estadísticas del número de ejecuciones llevadas a cabo, de forma que su padre y antecesor en el cargo, Kim Jong-Il sólo reconoció que se habían llevado a cabo 13 ejecuciones entre 1998 y 2001 y que la última ejecución pública se remontaba a octubre de 1992. Así lo informó en respuesta a una pregunta de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, si bien la realidad es bien distinta, dado que el Instituto Coreano para la Unificación Nacional documentó 510 ejecuciones públicas entre 2005 y 2012, tras haber recopilado testimonios de personas que huyeron de Corea del Norte.

No obstante, la ONU augura que el número real es “probablemente aún mayor” teniendo en cuenta que relativamente pocas personas logran salir de las provincias situadas más lejos de la frontera con China, lugar habitual por el que escapan los norcoreanos, pese al peligro que existe de que el Gobierno chino los deporte.

Según el referido informe, las ejecuciones en Corea del Norte se llevan a cabo normalmente por pelotones de fusilamiento disparando varias veces a la persona condenada, si bien hay casos excepcionales de ahorcamiento. Además, durante los últimos años, las autoridades han recurrido cada vez más a matar a las víctimas con ametralladoras automáticas, “presumiblemente para maximizar el efecto de aterrorizar en las ejecuciones, a las que están obligados a asistir los niños pequeños y los familiares de la víctima.

VIAJE LABORAL A PRESENCIAR EJECUCIONES

No sólo los escolares y los familiares de los condenados están obligados a presenciar las ejecuciones públicas, sino también los trabajadores, tal como ha relatado a la ONU Lee Jae-geun, quien presenció al menos 10 ejecuciones públicas durante sus 30 años en Corea del Norte. De esta manera, desveló que su unidad de trabajo conjunto fue obligado a viajar al lugar de la ejecución , donde se congregaron cerca de 1.000 personas . Así, recordó el caso de un hombre, que fue ejecutado por criticar a la fiesta de los trabajadores a los líderes de Corea.

Lee describió el propósito de “forzar” a la gente a ver las ejecuciones de la siguiente manera: “Ellos nos llevarían a estas ejecuciones públicas como un viaje de campo, por lo que nadie se atreve a pensar en desobedecer al Partido y a la ideología de Kim Il-sung, abuelo del actual líder y fundador de la República Popular Democrática de Corea del Norte.

La ONU recuerda que las ejecuciones públicas eran particularmente comunes en Corea del Norte durante la década de 1990, en línea con las órdenes de Kim Jong-il, dirigidas tanto a impedir la ruptura del orden social y del control del Estado. Concretamente, detalla que muchas de las víctimas fueron ejecutadas por delitos económicos, tales como la malversación de los bienes de las fábricas estatales o robar comida para sobrevivir.

En muchos casos, según denuncia, los acusados ​​fueron ejecutados sin juicio, mientras que era común que el cuerpo de la víctima fuera dejado en el lugar de la ejecución por un tiempo, como manera de advertencia.

Durante la etapa de fuerte hambruna que asoló el país, entre 1995 y 1997, la señora Jeon Jin- hwa vio varias ejecuciones públicas en su ciudad natal de Hamhung (Provincia de Hamgyong ), de forma que asegura que “las personas que robaron la propiedad que se consideraba perteneciente al Estado y los que fueron sorprendidos robando la propiedad de otras personas fueron ejecutadas públicamente”. Otro de los testigos de Hamhung señala que algunas personas fueron ejecutadas por delitos de supervivencia menores, como el robo de cables de las fábricas o instalaciones públicas”, siendo la práctica habitual de las ejecuciones atar a la víctima a un poste y dispararla manteniendo el cadáver durante varios días.

Otra mujer testificó que vio cinco ejecuciones públicas en su pueblo natal en el norte de la provincia de Hamgyong , incluyendo la ejecución de varios agricultores que habían sacrificado en secreto una vaca para alimentarse.

LA EJECUCIÓN PÚBLICA “NUNCA FUE ABOLIDA”

La ONU resalta que a pesar de que el número de ejecuciones públicas ha disminuido desde el año 2000, esta práctica “nunca fue abolida”, de forma que se sigue ejecutando a personas, bajo la acusación de asesinato, tráfico de drogas, robo de la propiedad estatal y trata de personas, cargo este último que también se imputa a veces a quienes ayudan a otros a escapar voluntariamente de Corea del Norte. Asimismo, los traficantes de películas extranjeras y otros bienes políticamente sensibles también se encuentran entre las víctimas.

Poco antes de finalizar el citado informe, la Comisión de la ONU recibió denuncias sobre una serie de ejecuciones que parecen tener fines políticos por parte de Kim Jong-un, con la pretensión de querer consolidarse en el poder. En esta línea, recuerda que en diciembre de 2013, las autoridades ejecutaron a Jang Song- thaek, el tío político del líder supremo, quien fuera poco antes de su muerte jefe del Departamento del Comité Central del Partido de los Trabajadores de Corea y que fue acusado de “traidor” por tratar de derrocar el poder de la República alineándose con los enemigos.

Previamente a ello, la Comisión de Investigación había recibido información de una serie de ejecuciones públicas realizadas en agosto, octubre y noviembre de 2013, en varios lugares del país, de modo que muchas de las víctimas fueron ejecutadas por haber participado en la distribución de películas extranjeras y material pornográfico.

Además, varios testigos han relatado que en marzo de 2013, los habitantes del área Songpyeong de Chongjin Ciudad recibieron la orden de vigilar la ejecución de un hombre y una mujer, acusados de producir y vender metanfetamina, por lo que tanto los adultos como una vez más los niños tenían que asistir, sin excepción para ser testigos del pelotón de fusilamiento.

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